Cuando tenía 18 años y decidí que quería estudiar Magisterio me acuerdo que estuve un par de días casi sin poder dormir por la ilusión. Estaba segura de que había tomado la decisión correcta.
Por aquel entonces yo estaba muy tocada con el tema de la desigualdad entre el primer y el tercer mundo y casi cada cosa que hacía me hacía sentir culpable, porque al final de la cadena siempre había alguien o algo sufriendo a causa del estilo de vida que yo llevaba. Parece de cajón ahora,pero para mí fue una revelación cuando pensé que la educación era una parte fundamental para cambiar el mundo, y en ese momento decidí tomarme mi trabajo muy muy en serio.
Doce años después mi vida y yo hemos cambiado mucho. Me reconcilié con la suerte que tengo por haber nacido en las circunstancias que he nacido y entendí que no tengo la culpa, pero sí las herramientas para hacer algo que marque la diferencia, aunque no siempre me acuerdo.
Ahora tengo dos hijas pequeñas y cuando eres madre entras en una rueda de consumo muy fuerte (¡armario nuevo cada tres meses! ¡yuhu!), y en otra rueda de preocupación también muy fuerte. Me preocupa el mundo en el que van a crecer mis hijas, pero a través de Instagram descubrí otra manera de entender la maternidad en este sentido (@twentiventi, @thehobbsfarm, gracias). Otra cosa de cajón que había pasado por alto; si crees que la educación puede cambiar el mundo, ¡empieza por casa!
Tengo un propósito, que nuestra familia lleve un estilo de vida mucho más consciente, respetuoso y minimalista, porque eso es lo que quiero que aprendan mis hijas sin esfuerzo, porque creo en una futura generación que venga con conciencia global de serie, y obviamente porque creo que es lo mejor para ellas. Pero tengo muy claro que no me voy a torturar con ello, que es un proceso lento, y que hay cosas que tendré que pasar por alto sí o sí en favor de mi cordura (¡y de la de mi pareja!). Será un viaje largo, sin prisa pero sin pausa, en el que aprenderemos mucho ¿te apuntas?


